Apego seguro: la base de una crianza saludable.

El apego seguro se construye cuando el bebé siente que su figura de referencia estará disponible para atender sus necesidades físicas y emocionales. Los niños y niñas con apego seguro utilizan a sus cuidadores como una base segura desde la que explorar el entorno y a la que recurren en momentos de angustia o malestar.

Este tipo de vínculo se desarrolla cuando el adulto es sensible a las señales del bebé y responde de manera adecuada, constante y afectuosa.

Numerosos estudios confirman que un apego seguro, dentro de un ambiente cuidadoso y predecible, tiene un impacto muy positivo en el desarrollo infantil y actúa como un factor protector de la salud a lo largo de la vida.

Entre sus principales beneficios destacan:

-Aumento de la sensación interna de confianza y bienestar.Un desarrollo psicomotor adecuado.

-Mayor capacidad de regulación emocional y expresión afectiva.

-Desarrollo positivo de la autoestima, la autoimagen y el autoconcepto.

-Capacidad de autocuidado y de pedir ayuda cuando es necesario.

-Desarrollo de la capacidad reflexiva y de la mentalización.

-Mayor flexibilidad y mejores respuestas ante situaciones estresantes.

-Mejores habilidades sociales y relaciones más seguras y satisfactorias.

-Este vínculo temprano sienta las bases de cómo los niños y niñas se relacionarán consigo mismos y con los demás en el futuro.

Crianza positiva: una nueva forma de acompañar a nuestros hijos.

En una sociedad en constante cambio, muchos modelos educativos tradicionales basados en la rigidez y el autoritarismo han quedado obsoletos. Frente a ellos, la crianza o parentalidad positiva surge como un enfoque respetuoso que pone en el centro el interés superior del niño, priorizando su bienestar y desarrollo integral en el ámbito familiar, social y escolar.

La parentalidad positiva promueve relaciones basadas en el afecto, la comprensión y la implicación diaria. Los niños responden mejor cuando se sienten escuchados, valorados y comprendidos, cuando los adultos se interesan por su mundo emocional y fomentan una comunicación abierta y respetuosa.

Este modelo se apoya en principios como el cuidado y la protección, la creación de entornos seguros y estructurados, el refuerzo positivo, la validación emocional y la psicoeducación de las familias, que actúan como modelos para sus hijos.

Normas y límites desde el respeto: Educar desde la crianza positiva no significa ausencia de normas, sino el ejercicio de una autoridad moderada y consciente. Las normas y los límites ofrecen seguridad cuando son claros, coherentes, consistentes y adaptados a la edad del menor. Su objetivo es acompañar el desarrollo de la autonomía y la responsabilidad, sin recurrir a gritos, amenazas o castigos.En este enfoque, las consecuencias sustituyen al castigo y se entienden como una oportunidad de aprendizaje. El adulto acompaña, explica y guía, respetando al niño como persona y fortaleciendo el vínculo afectivo.

Apego seguro y parentalidad positiva: un camino compartido.

La parentalidad positiva y el apego seguro están profundamente conectados. Un estilo educativo basado en el respeto, el afecto y el diálogo favorece la construcción de vínculos seguros, que permiten a niños y adolescentes crecer con mayor confianza, equilibrio emocional y capacidad de adaptación.

Acompañar desde el amor, la coherencia y la presencia es, sin duda, una de las mejores inversiones para el desarrollo sano y el bienestar emocional de nuestros hijos.

Grienenberger, J., Kelly, K. y Slade, A. (2005). Maternal reflective functioning, mother-infant affective communication, and infant attachment: exploring the link between mental states and observed caregiving behavior in the intergenerational transmission of attachment. Attachment and Human Development, 7(3), 299-311.

Hoffman, K., Cooper, G. y Powell, B. (2017). Cómo criar a un niño seguro. Medici.

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